Durante demasiado tiempo hemos dejado que la ciberseguridad funcionara en segundo plano, dando por sentado que todo iría bien. Hoy en día ya no podemos permitirnos ese tipo de apatía. La ciberseguridad nos afecta a todos, y ha llegado el momento de convertirla en el tema de interés nacional y de interés público que merece ser.
Los incidentes de ciberseguridad aparecen ahora en los titulares casi a diario —el caso de Colonial Pipeline y el ataque de ransomware a Kaseya son solo dos ejemplos recientes— y los ciudadanos desean que el Gobierno federal de EE. UU. adopte más medidas. El 80 % de los estadounidenses opina que los responsables políticos federales deberían invertir más en ciberseguridad. Y casi el 60 % considera que la ciberseguridad es esencial, incluso si ello supone reducir las inversiones en transporte, infraestructuras y educación, según una nueva encuesta de Harris Poll realizada por (se abre en una nueva pestaña).
Sin embargo, existe un gran reto: la ciberseguridad puede verse afectada por el «efecto espectador», por el que todos los integrantes del ecosistema dan por sentado que será otra persona quien resuelva el problema. Dada la extensión de Estados Unidos, eso es fácil de entender. Por ejemplo, cuando la Autoridad de Transporte Marítimo de (se abre en una nueva pestaña) de Martha’s Vineyard fue objeto de un ciberataque, la comunidad local prestó atención, pero la mayoría de los estadounidenses confiaban en que los expertos se encargarían del asunto, protegiéndoles a ellos y a su modo de vida.
Enfoque en los puntos finales
La buena noticia es que las agencias federales pueden subsanar sus vulnerabilidades y mejorar su higiene cibernética, y pueden hacerlo centrándose, en primer lugar, en los dispositivos finales.
Muchas agencias federales carecen tanto de un inventario exhaustivo de sus activos como de una comprensión clara de cómo se utilizan dichos activos, quién los utiliza y cuáles son las vulnerabilidades asociadas a ellos. Si bien las soluciones puntuales pueden proporcionar un subconjunto de datos críticos, no pueden ofrecer una visión en tiempo real de lo que está ocurriendo en una red.
Si, en cambio, se centran en los aspectos fundamentales —o en una « » de la ciberhigiene —, las agencias federales pueden marcar una diferencia enorme y, al mismo tiempo, ganarse la confianza del público. Una buena higiene cibernética —que comienza en los dispositivos finales— puede tener repercusiones positivas tanto inmediatas como a largo plazo en el estado de la ciberseguridad de nuestro país.
Esta estrategia se ha visto reforzada por la reciente orden ejecutiva del presidente Biden sobre « » ( ) (se abre en una nueva pestaña) (OE), que se centra en reforzar la visibilidad y el control en toda la empresa. El decreto ejecutivo del presidente también subraya la importancia de una mayor colaboración entre los sectores público y privado para comprender y gestionar mejor los riesgos.
Muchos estadounidenses están de acuerdo con este enfoque. En una reciente encuesta de Harris Poll, el 84 % afirma que los organismos públicos, las Fuerzas Armadas y las empresas privadas deberían compartir más información. Los estadounidenses también consideran que estos grupos deberían colaborar para prevenir futuros ataques a la ciberseguridad. Esta estrategia también contribuiría a eliminar los tradicionales «silos» de información, que pueden ralentizar la respuesta ante incidentes e impedir el intercambio de buenas prácticas.
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Para mejorar la ciberseguridad, la higiene cibernética debe comenzar en los dispositivos finales.
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